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SOLSTICIO DE INVIERNO

 

 

Una vez el solsticio de invierno llame a nuestra puerta, recordándonos que habrá llegado la noche más larga del año, al lado del día más corto, nos daremos cuenta de que habremos llegado a un punto de inflexión importante en el ciclo del año y de la naturaleza, porque aunque ahora la tierra enmudecerá y nos dará pocos frutos, la llegada de este fenómeno astronómico también significará que, a partir de este momento, y después de unos días de intervalo con esta supuesta “parada solar”, con el Sol quieto – el solsticio -, la luz del día empezará a crecer y con ella tendremos la certeza de que la vida – y la vegetación – volverán a crecer y a visitarnos.

 

Pero, de momento, nos tocará vivir ese momento especial del año, con un Sol que volverá a renacer con cada Navidad, después de ese tiempo de adviento que significa llegada.

 

Y después de haber vivido ese ocaso de la naturaleza, nos daremos cuenta de que, aunque no hayamos llegado todavía al resurgir de la luz y de la vida, tendremos la certeza de que será así, porque a partir de este momento la luz del día empezará a crecer y con ella empezará el avance de la naturaleza.

 

Ahora, nosotros también podremos resurgir con el convencimiento de que un horizonte creciente de luz nos invitará a hacerlo y esa será nuestra mejor divisa. Y aunque todavía nos queden por vivir y por superar los rigores propios del invierno, cada ápice de luz que nos llegue con cada nueva mañana nos llenará de nuevos bríos y así nosotros también estaremos dispuestos para un renacimiento.

 

Y, así, el ciclo del año continuará girando, como también lo harán la tierra, la luna y los planetas, de la misma manera en que la naturaleza también seguirá reviviendo su ciclo repetitivo de vida, muerte y renovación. Quizá este será un silencioso tam-tam que nos envolverá con su ritmo creciente y decreciente, con sus idas y venidas, con su eterno reverdecer y con su ocaso.

 

Gocemos, pues, de este solsticio con meditación y silencio y dejemos que renazca en nosotros esa luz que existe en nuestro interior y que lo iluminará todo, hayan o no lucecitas de colores en nuestra Navidad o en nuestra circunstancia.

 

Gemma Blat

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