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Casa 11 es aquel escenario de la vida que nos ofrece vivenciar y experimentar el concepto de grupo, la idea de lo social, otra forma de relacionarnos, para concienciar una nueva visión de la función del yo integrado, pero des-identificado.

Tras un ciclo de maduración, tras un largo camino, aprendemos a encarnar primero un papel, donde los quehaceres del ser humano, como tal, limitan en primer lugar, nuestra espiritualidad, para conocer y adaptarse a una realidad aparentemente única, personal e intransferible, eso si, con un sinfín de herramientas a disposición que primero hay que aprender a usar, para por fin en algún momento y lugar del espacio/tiempo, empezar a sentir que tenemos un yo con sensaciones, un yo con emociones y un yo con pensamientos.

Estructura a través de la cual, adoptamos conscientemente para adaptarnos.

La historia de la especie humana a través de las razas, relata muy bien todo el proceso, partiendo de la raza Lemur, una energía colectiva, y única entidad viviente, donde la evolución del hombre desde que el principio de individuación fue sembrado en su aparición, empieza a desarrollarse paulatinamente y por fases, dirigiéndose con el paso del tiempo, hacia una expansión de consciencia, viviendo el campo de batalla de la experiencia, en cada etapa de su evolución.

La supervivencia al medioambiente natural, siendo su prioridad, el hombre empieza a desarrollar los sentidos para sobrevivir a la necesidad de alimento, a las fuerzas de la naturaleza buscando cobijo, al entorno y a la vida, construyendo en nuestra memoria más incipiente, el sentido del impulso y el instinto, marcado por la necesidad de protección y seguridad de la vida, son la raíz de nuestra fuerza vital.

Registramos el PULSO de la vida…..

Entonces empiezan a brotar, en la especie humana, con la raza Atlante, aspectos de más sensibilidad, iniciándose un cordón umbilical desde el desarrollo primario del instinto, quien a partir de ese momento empieza a generar una necesidad básica.

Ese principio de sensibilidad y necesidad básica recibe el nombre de emoción, o campo emotivo. El ser humano empieza a sentir emociones como la tristeza y empieza a llorar, a sentir alegrías y empieza a sonreír, empieza a expresar necesidades de protección y seguridad que anteriormente solo buscaba o aparecían de forma instintiva, y que ahora quedan incorporadas en ese cordón, en esa memoria…..

Más tarde desarrolla el aspecto intelectual de la mente, y el hombre empieza a pensar, y con ello se abre un tramo evolutivo en la humanidad al que seguimos obedeciendo y desarrollando cada vez más. El camino que ya empezó, hacia la raza Aria.

Poco a poco, vamos pasando de un alma colectiva a una conciencia individual distinguiéndonos de los demás seres, una conciencia de la personalidad, con todo el complejo engranaje de la construcción del yo, cuya salvia corre por ese cordón umbilical con sus huellas históricas, con todo un mundo de sentidos, emociones y pensamientos todavía en desarrollo.

Ese YO que se va construyendo y desarrollando es el que permite una proyección social, un YO SOCIAL. Pasaremos por una infinidad de espejos para identificarnos con nuestra propia personalidad, la que deberemos usar muy bien, para establecer las correctas relaciones y proyectarse en el grupo, llámese como se llame: el grupo humano, el grupo familiar, el grupo de amigos, el grupo de estudio, un grupo de proyecto en común……para que funcione, el yo individual debe ser completo.

La casa XI se convierte en el peso del eje de las relaciones desapegadas e impersonales, un nuevo tipo de relación, la relación de amistad, donde el vínculo es con uno mismo, con la humanidad entera, porque uno se reconoce en esa totalidad.

Los primeros indicios del sentirse parte de la humanidad, emerge en forma de reconocimiento a través de imágenes que podríamos decir pertenecen a un inconsciente colectivo. Esas imágenes aparecen para ser tratadas para su propia evolución, la nuestra, una forma de lenguaje nuevo, un campo de información que anhela ser desvelado y desarrollado para un nuevo emerger de conciencia entre los individuos capaces de leer esos códigos, sea en el ámbito científico, tecnológico, artístico, espiritual…y desde la conexión con esos campos de información, uno dirige y orienta ese lenguaje hacia una finalidad creativa en beneficio de todos, es decir, que todos tendremos oportunidad de conocer, usar o leer en algún momento, para seguir evolucionando. Esa es la revelación, tras periodos de rebeldía y revolución, que no son más que fuerzas guiadas hacia un renacer, un descubrir algo nuevo. Y esa es la función de la casa XI. El lugar donde la relación con el otro es desde uno mismo. Un lugar que permite la conexión con el entorno desde un sinfín de redes físicas para la realización de otras redes más sutiles deseando encarnar.

Ese papel que nos toca interpretar, desde que el hombre es hombre, desde la existencia de la especie humana, sin olvidar que el entorno natural también yace en nosotros, es un viaje de identificación y des-identificación, reconocimiento de una herramienta a nuestra disposición, un medio, a través del cual estudiamos, establecemos tratados y acuerdos, observamos y a través del cual concienciamos lo que realmente somos.
Para que el yo pueda ser un yo capaz de reconocerse en un proyecto común humano o social, reconociéndose como parte de la familia humana, donde UNO no es más que una parte de un todo, hemos de construirlo primero, luego ya tocará desvincularnos de él.

En la casa XI nos llegan las situaciones a través de las cuales podemos experimentar todo esto, haciendo una lectura de su desenlace desde la casa III, la casa VII y considerar la casa V, para ver cómo vamos construyendo nuestro vehículo de expresión, el cual tomara gran importancia para los proyectos de la casa XI.

Anna Cervera
687.452.600
info@eventosastrologicos.com
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